viernes, 17 de octubre de 2014

ESENCIAL III

AUTORETRATO.

La atmosfera pesada y el silencio
Una opaca claridad entre las sombras
O tal vez sombras menos densas
Por las qué vagar,
Aquí donde todo se oscurece.

Un viento espeso y apretado, repta
Y asusta por entre lo que percibo como ruinas.
Estorbos sobre los que debo caminar.
Sólo consigo tropezar y palpo
Hollín, rescoldo frío o polvo de metal.

Las manos por delante.
Los dedos extendidos.
Desmesurados los ojos.
Y el torso  hacia adelanto
Como quien busca a tientas.

Y ese soplo como lija
Entre las piernas que vacilan.
Y un apuro como de quien viene perseguido.
Rosado por un perenne dolor
Callado, incierto y sin expresarse en queja.

Un anhelo de muerte, como mujer ajena
Que no se debe codiciarse.
Querer desaparecer en el vacío
No dejar huella, ni dolor, ni biografía.
Volver atrás para no haber existido.


León M.N. agosto de 2013.

ESENCIAL II

BALCONES

Tantos balcones y nadie asomado atisbando el horizonte.
Ninguno mira acercarse: la luz, la briza, las auroras, los ocasos.
Y mis pisadas silenciosas sobre el pavimento.

Tantos balcones y nadie extasiado mira alejarse
Los penachos blancos de los trenes, sus silbidos, sus campanas.
Y mis pies no dejan huella sobre el empedrado.

Tantos balcones sin enredaderas,
Algunos bejucos marchitos solamente.
Y mi deambular extraviado en las esquinas.

Tantos balcones desnudos como ramas de las que no cuelgan nidos.
En las que no se posan silbos, trinos ni graznidos.
Y mi errar sin rumbo, sin ruta, ni motivo.

No percibido el viento los visita.
Descuidadamente les barre el polvo.
Y mi caminar por la vereda sin proyectar su sombra.

Tantos balcones y cerradas sus cortinas.
Rotas sus celosías, empañados sus cristales.
Y mis pasos vagabundos huérfanos de resonancia.

Tantos balcones sin novias expectantes,
Sin serenatas, sin canciones de amor y sin promesas.
Y mi andar detenido bajo las tejas del alero. 

Tantos balcones de ventanas ciegas
Con pilares por los que trepan las gatos en la noche
Y mi ronda vigilada desde la cornisa por un búho. 

Tantos balcones ociosos, vacíos, sin oficio…

León Montoya Naranjo. Oct. De 2014.


ESENCIAL

ADVERTENCIA.

Cuando vayas a llegar porque es imprescindible que lo hagas,
Llega oportuna como las amantes comprensivas.
Cuando esté listo para tu llegada.
Haya cambiado las sábanas de algodón por las de lino.
Tenga en la temperatura justa el vino,
Y perfumadas la sala, la alcoba y el altillo.

Cuando llegues no lo hagas intempestivamente
Anúnciate como lo hace la lluvia de la tarde
Que envía por delante un vientecillo fresco,
Y le encarga que traiga el rumor de su tamborileo.
Será música envolvente y refrescante tu llegada
Me dormiré meciéndome en la silla al son de tu balada.

Que tu arribo sea una obertura esplendorosa
En la que intervengan de manera importante los violines.
Los cobres, las trompetas, el clarín y los flautines
Anuncien que ha llegado una princesa,
Se estremezcan jardín y ventanales con tu pisar y rodar
Y un musculoso auriga traiga tu carruaje hasta mi orilla.

No te desgastes en un extenso y meticuloso introito.
Nos hemos conocidos y los que estén conmigo te reconocerán.
Ya saben que para esa cita serás muy bienvenida
Para que no te tardes, no te ofrecerán posada
Te dejarán espacio libre para que me abraces
 Y en un remolino de colores me lleves hasta la morada.

León M.N. septiembre de 2014.


lunes, 29 de septiembre de 2014

PAISAJE
Ando con un paisaje dentro
Buscando un lugar para plantarlo.
A veces creo que lo llevo a cuestas
Sin encontrar donde dejarlo.
Tiene pedazos de regiones que he cruzado.
La luz de algunas comarcas cuando el sol declina.
Perfumes de terruños olvidados.
La fertilidad del suelo en la redondez de su cosecha.
La libre y amplia superficie de los mares.
La extensión remota de planicies
Donde arman sus carpas tribus vagabundas.
Y el prolongado zigzaguear andino de los valles.
Montañas coronadas de nubes que en la tarde lloran.
Provincias con acentos canturrones
Y gente que trabaja, ríe y ora.
Un panorama limpio desde una colina.
Un país construido por la briza.
Una campiña salpicada de arroyos y sembrados
Y al fondo, al empezar la cuesta,
Una aldea con plaza, campanario y un mercado.
Tiene rincones inquietantes,
Montes con sombras tentadoras,
Cascadas que parece: Cantan,
Y lagunas donde navegan los peces con las aves.
Tiene ese lugar un ensanchamiento,
Donde corretea un potrillo, un perro y un becerro.
Y viven allí, saltando entre unas rocas
Los ecos de la risa de los niños,
Mi canción favorita y tus llamados.


León M.N. septiembre 26 de 2014.

martes, 23 de septiembre de 2014

VIBRACIONES
Cuando amanezca saldré de entre las cobijas y también  de la ignorancia o de mi incertidumbre.
No precisamente cuando amanezca; debe ser antes de que esto ocurra, porque sólo así estaré seguro de que es verdad lo que ahora estoy pensando:
He llegado a la conclusión, a la certeza de que las montañas no son de tierra, ni los árboles de madera, ni las piedras son de piedra. Y que el agua no es un líquido que fluye, se congela y se evapora. Y los colores no son algo que está adherido a las cosas coloradas.
Nada de eso es verdad. Todo lo que vemos y sentimos es una gran mentira. Bueno, no digamos que mentira, es una ilusión. El producto del espectáculo de un gran mago ilusionista, y nosotros, todos nosotros y lo que nos rodea, somos producto de sus trucos, somos fantasía.
Cuando me levante mañana podré comprobar que sólo existe el vibrar, las vibraciones.
Me daré perfecta cuenta de que cuando ellas salen, nos hacen aparecer: cosas, personas, eventos y los animales y hasta los sentimientos, los propósitos, las intenciones, son apariencias dibujadas por las vibraciones.
Antes de que salga el sol, que es la punta de la varita mágica del gran mago que les he revelado; se sentirá un estremecimiento ondulante que recorrerá toda la oscuridad. Y rápidamente una incitación electrizada con apremio irá disponiendo el escenario.
De las tinieblas que aun habrá a aquellas horas tan tempranas, se irá borrando lo tenebroso de la noche. Solamente quedará lo que llamamos sombras, que son muy útiles, pues con ellas apreciamos: la profundidad, el peso, la textura y las formas. Aquellas que va tomando la ilusión por causa de la vibración, y que crea el lugar en donde estamos,  el entorno reluciente que habitamos.
Se verán primero unos como rabitos de luciérnagas que alumbran. Primero uno muy pequeño y luego otro y otros. Se verán como volar, o navegar o serpentear por el espacio. Y digo espacio, por decir algo, pues aun no hay nada que se vea. Solo estará la vibración de que ya he hablado y serpenteando titilosos; esos que yo llamo rabitos de luciérnaga.
Se encenderán unas alucinaciones extendiéndose en distintas direcciones como ramas de árboles. Refulgirán deslumbramientos como flores. Y titilantes vibraciones les darán colores embrujantes.
La fascinación, que es una vibración más menudita, se regará como vaho de neblina en un estanque. Allí veré reflejos de la aurora formada por el vibrar de chispitas  de colores, que andarán construyendo los jardines, los parques y  los bosques.
De ellos se colgarán columpiándose: el celaje, la neblina, el vapor y la briza matutina, que aunque vibra, no se le puede ver pues no se le pega la luz que es la vibración más fina.
Y cuando logre mirar al horizonte, que es donde la vibración se vuelve una rayita que va como dibujando todo lo que en los extremos del espacio ha hecho, podré ver: espejismo, ensueño, fantasía y provocaciones.
Sin duda tendrán forma de: montañas, de nueves, riscos, precipicios, volcanes y en ocasiones tomarán apariencia de cascadas, de ríos, de caminos y hasta de caravanas que van en procesiones y migran sin respetar fronteras. Pero no, no hay que caer en esa trampa, esas son otra clase particular de vibraciones.
Más o menos de esa forma es que el mago de la varita destellante, construye lo que los poetas llaman  alborada. Le fabrica un  aura que rutila y espejea en lentejuelas. Ah, se me olvidaba que también le agrega vibraciones que producen música, diga usted: trinos de pajaritos escondidos, bramar de becerros, validos de cabritos, relinchos, maullidos, ladridos y algunos kikirikies. Todo eso envuelto en el susurro de la briza, rumor de quebraditas y zumbidos de abejas colmeneras.
Las vibraciones de tripas de gato y los metales, para poder existir se inventarán: los violines, los chelos y los contrabajos. Las guitarras, los tiples, las bandolas, el arpa y hasta los pianos. Y cuando todos estos juntos, lanzan la vibración de sus acordes, querrá decir que habrá concluido la obertura.
Esa es la señal que dará el mago para anunciar que ha terminado de darle forma a la mañana y de que va a empezar a fabricar el medio día.
Serán el momento en que alumbren relumbros que deslumbran. Con precaución habré de cerrarlos muy bien los ojos. Pero aun, con los ojos cerrados podré sentir el cosquilleo que hará que se me ericen todos los pelitos sembrados en mi cuerpo, cuando la punta de la varita mágica del mago, se eleve alumbrando, que es lo mismo que decir: vibrando.
Ya no sólo se tratará de rabitos de luciérnagas. A esa hora, todas las  vibraciones alumbrarán con mil destellos. El destello es una vibración tan fuerte que si nos descuidamos nos deja como ciegos. Y por eso a los niñitos que juegan en las canchas, a esa hora, les meten muchos goles, pues están encandilados.
Cuando se vaya haciendo tardecito, el vibrar se tornará en seducción, ensueño y en delirio y los enamorados correrán a buscar la lobreguez del monte. Mejor dicho se irán a buscar la vibración de una sombrita.
Yo sé que allí van a encontrarse con otras formas de vibrar: El frescor, el arrobo, el embeleso. El encanto, la enajenación, el hechizo, el embrujo. Ojo pues jovencitos les advierto, que esas vibraciones además de dulces, empalagan. No vaya a ser que por andar  tan extasiados se les haga tarde para regresar a casa.
Si no se apuran los agarra el desvarío, que es una vibración muy peligrosa. Sobre todo si los ataca en el atardecer, poquito antes del crepúsculo. Esa vibración llega de la mano del ocaso. Ambas tienen efectos vespertinos escondidos tras de dorados arreboles, y enseguida que se apoderan de uno, se va la vibración, se atardece, se anochece y se oscurece.
León M. N. Septiembre 19 de 2014.



TURISTAS PESADILLA
Como a veinte metros de donde rompen las olas como queriendo tirar sobre la playa un montón de rocas que allí había. Y muy cerca de otras olas más pequeñas y amistosas que se acercaban a lamer mis pies, estaba yo simulando dormir.
Entre la espuma blanca que hace el mar para matizar los diferentes azules de sus aguas, vi que se acercaba y luego rodando se alejaba, un tronco de madera muy rugoso que brillaba por el sol en tonos ocres y marrones.
Yendo y viniendo sobre las olas estuvo un buen rato, al cabo del cual se quedó dormido, no como yo, que entre dormido lo observaba. Él, dormido de verdad, inmóvil, Poco a poco, el sol le retiró su brillo.
Volví la vista al mar y pude ver las olas alejarse sobre el agua que ahora era del color del oro, pues el sol, que también se alejaba, dejó sobre el mar, sus ropas amarillas, doradas, naranjadas, para que las recogieran las sirenas. Las grandes olas empujaban las pequeñas. Y las que con las rocas forcejeaban, se fueron a descansar, estaban fatigadas, igual que el sol, que ya se había puesto la piyama.
Acomodé mi cabeza soñolienta sobre un montículo de arena y pude ver una bandada de delfines de colores que perseguían un cardumen de meros y corvinas. Después de saltar sobre las olas que aún seguían con sus diademas de espuma blanca, se sumergían dando giros como de tirabuzón o torbellino. Y desde un arrecife sembrado de estrellas de mar, de algas, corales y de erizos, juguetonas las focas aplaudían.
Las langostas, con sus vestidos rubicundos, y los calamares, las ostras, los cangrejos y los camarones, salieron también a ver el espectáculo. Pero se hizo un silencio marino y tenebroso, cuando comenzaron a merodear los tiburones. Sólo una enorme barracuda seguida de unos pargos rojos, se atrevió a pasar la calle y también la imitaron, una anguila morena, un pez payaso, unos cuantos pulpos aunque camuflados y dos enormes mantarayas.
El pez martillo lanzó una carcajada a todos, y les dijo: Ajá  ¿ahora si se asustaron? Todos se tranquilizaron y siguieron el recreo.
Pero de pronto, cuando estaba pasando perezosa una ballena, a la que un cardumen de rémoras le estaban   haciendo el peeling; todas se alejaron gritando: foo, Wuácala, que asco: habían caído a la superficie del mar, unas latas de sardinas, otras de atún y muchas de cerveza.
Entonces los peses mamás y los hermanos mayores, cogieron de las aletas a los más chiquitos, diciéndoles: corramos a escondernos que llegaron los cochinos turista, corran… Mejor naden más rápido que esos brutos va y nos envenenan.
Al oír esto yo me desperté y me fui para que con esa gente, no me confundieran. Cogí el tronco de madera que dormía cerca y me lo llevé para hacer con él un bello adorno para la sala. Al fin y al cabo era un regalo que me habían dejado las olas debajo de mi almohada.
León M.N. septiembre 13 de 2013.

EL ACUA GARDEN
Calladito, de puntillas paseo yo por el jardín vecino.
Me gusta hacerlo cuando apenitas empieza a clarear.
Los verdes de las hojas son todos como nuevos.
Las flores también parecen estrenar vestidos.
Y los pájaros revolotean y beben la miel en la copa de las flores.
Las mariposas despacito se van desperezando.
Uno se puede quedar mirándolas sin que se asusten,
Apreciando todos sus colores y los dibujitos estampados en sus alas.
Su lengua larga que es como un pitillo que se enrosca.
Los pelitos de sus patas y sus ojos saltones y brillantes.
Cuando el sol las calienta, baten sus alas y entonses juguetean.
En una hoja grande como una sombrilla en forma de corazón, vi una reunión  de goteritas de agua.
Unas eran pequeñitas, de las que se llaman el rocío.
Otras más grandes. Esas eran las goteras y otras juntas en medio de la hoja formaban un charquito,
Tan limpio que el sol se reflejaba y brillaba como si fuera un espejito.
A poco mira me di cuenta que era una escuelita de agua.
Allí en medio del jardín y sobre esa hoja, su maestra les estaba enseñando a las goticas a ser agua.
Y les insistía en que fueran buenas estudiantes, aplicadas, pues cuando crecieran tenían que ser:
Arroyitos, quebradas, ríos, llovizna o aguaceros.             
Tendrán que aprender a lloviznar y acariciar las mejillas de los niños escueleros, la frente de viejitos y la testa de todos los terneros.
Habrán de rociar y refrescar la piel de las manzanas, los duraznos, las guayabas, las moras y las fresas, les decía.
Sobar los golpes que se dan  los niños  al  caer, cuando van corriendo a hacer mandados, cuando corren detrás de las pelotas o en los parques elevando las cometas.
Bañarlos cuando regresen a casa empantanados y lavarles las manos antes de que se sienta a la mesa a merendar.
Deben aprender a salpicar y chapotear bonito y gracioso, como haciendo cosquillitas; cuando sean fuentes, o quebradas, sobre los potros, los terneros  y sobre los muchachos que pasan corriendo con los perros.
Rociar y salpicar haciendo un remolino, como cuando los perros se sacuden de la cabeza a la cola luego de haber sacado del lago el palo que les tiró su dueño.
Pero lo más importante jovencitas, les dijo la maestra, serán sus obligaciones en la huerta: Cuando los campesinos hayan terminado de preparar la tierra. Después de que hayan  rozado los rastrojos, abierto los surcos y plantado con la coa las semillas; ustedes deben llegar a humedecer la tierra y las semillas. Deben caer regando como lluvia fina, que irrigue, empape y cale muy adentro, pues sólo así despertarán los brotes de flores y frutos que duermen allá dentro.
Pero pónganme atención y no estén tamborileando, ni salpicando tanto. Todo eso lo deben hacer con tino, y con cuidado. No se les vaya a ocurrir llover por  mucho rato, ni caer como grandes goterones, ni mucho menos como troncos de granizo. Pues en vez de ayudar, arruinarán al pobre campesino.
No inunden, no aneguen, no empantanen, no ahoguen los cultivos. Todo en la justa medida. Ni todo el día, ni mucho menos todos los días. Las huertas necesitan el agua y el sol bien turnaditos. Unos días de lluvias rociaditas y otros días de sol y nubecitas.
Encharquen solamente al arroz y los juncales. Llenes los bebederos del ganado, las lagunas, las ciénagas y los estanques de cultivo de pescados.
Mojen y enloden la tierra para hacer ladillos, y a las calles polvorientas denle cada día una rociada.
Al final de la tarde cuando lleguen los vaqueros y las recuas de mulas con arrieros, dúchelos a todos por parejo. Eso los alegrará y se refrescarán. Unos seguirán para el potrero a pastar y al bebedero. Los otros a buscar a sus novias o a sus hijos y a esperar que les sirvan sus refrescos que les mitigue la sed que da el cansancio.
Cuando las llamen a ustedes para hacer refrescos: deslían, diluyan, disuelvan la panela y el azúcar. Mézclenlo bien con el jugo de naranjas, de moras o el de los limones. O si es guarapo lo que quieren ellos que fabriquen, métanse entre los canutos de la caña y broten de ellos refrescantes, alegres y dulzonas.
Hay obligaciones que agua no puede olvidar por ningún motivo:
Debe manar, brotar de rocas limpias del camino.
Rodar por las quebradas y por las acequias y pasar por los poblados.
Surgir entre los juncos y los lotos y formar lagos donde, naden los niños y los patos, vivan los peses y pesquen los ancianos.
Saltar en las cascadas con gracia y estruendosas carcajadas que se vuelvan neblina refrescante.
Correar humedeciendo las rocas, los helechos y las lianas.
Gotear en medio de los quiches, las bromelias y catleyas, allí es donde comen los osos y saltan ranitas de colores.
Fluir por las tuberías, así sean de guadua campesina. Escurrir como jugo de pastos y bejucos. Destilar como néctar en las frutas. Esparcir en los bosques la frescura. Apagar los incendios, hidratar a los enfermos, enjuagar las ropas, en especial la de los niños. Y humectar los ojos de las gentes, sobre todo cuando lloran de alegría. En una escuelita como la que vi aquel día, yo me quedaría estudiando todo el día.

León M.N. Septiembre 16 de 2014.