sábado, 20 de octubre de 2012

CANTO A LA PIEDRA


CANTO A LA PIEDRA.

Surgidas del volcán y entre las hierbas que fundaron el potrero
piedras groseras estorban el rumio arisco de la cabra.
Una a una, y apiladas tejieron aplomado vallado
Sin argamasa perdura formidable aprisco.

Otras limadas de rodar en los torrentes
a cuestas a la cuesta aterrazaron la pendiente.
Por ellas la choza que domina el valle y el suelo labrantío.
empedrados los caminos las acequias condujeron los rumores.

Tosca a tosca golpeada muestra filo primitiva lanza
Poderosa hacha que derriba al bravo
y suave en la mano y en el torno pule la vasija
muele el grano y golpeada muere la paloma.

Dispuestas firmes rodeando la fogata
Son fogón que recibe la redondez del barro
Donde se cuece la mazorca o se fermenta el vino
Que reúne los ancestros con los hijos

De la mole de granito al mazo del artista
surge vengativo el dios que implora sangre.
De la laja de jade saca el cuchillo el sacerdote
Y del bloque de mármol un sepulcro.

La azulada pizarra propicia la grafía
Allí el estilo grabó la norma, el premio y el castigo.
Y de la peña arrancado a golpe de cincel cada pedazo
de cárcel, de templo, de mazmorra o calabozo.

Pesadas, arrastradas, labradas, adheridas
Son columna, muro, muralla, monumento.
Bala, altar, lápida, estela o hito que puede señalar
Dirección, frontera o tumba.

León M.N. Oct.2012.

DÓNDE


DÓNDE.

Dónde dejar posar mis ojos y suspender su curioseo.
Descansarán sobre el viejo amarillo de la tarde
o en la opacidad en grises que la neblina trae.
Podrán dormir alguna vez saciados de color.

Dónde sosegar mis  manos que del ocio huyen.
Aferradas a un buril, un pincel embadurnado,
o un lápiz y una hoja de papel en blanco.
Podrá quedar una sobre la otra y aquietadas.   

Dónde descansar mis pies que vagabunan
Que quieren subir a la colina o descender al valle
o simplemente pasear  junto a la cerca
donde se posa el arrendajo y se asoman los becerros.

Qué pared detendrá mis pensamientos.
Cómo dejar de componer canciones
 y suspender este perenne conversar conmigo.
Será posible  silenciar éste poema.

Dónde encontrar el jardín o el bosque
Que no acoja: zumbidos, trinos o el canto del arroyo
Cuándo mi corazón será inmune a una campana
y no se arrugue como bandoneón con la Cumparsa.

Dónde seré ciego al perfume de maderas,
sordo al matiz de los aromas de las frutas .
O deje de husmear  el elixir en el hálito         
de labios y entre las copas.

Cuándo el agua, el néctar, el vino o el ajenjo
podrán marcar en mí la indiferencia.
Y  la ageusia  ataque mis papilas diestras.
Y libar o no, me deje sin lesión, sin menoscabo.

Cuándo el bofetón o la caricia que reciba
me dejarán igual de frío que el acero.
Impertérrito en el campo de batalla
O sin besos entre crujientes sábanas.

Cuando y donde algo de todo esto curra
Podrán decir entonces  que ya he muerto.
León M.N. Oct.2012

miércoles, 17 de octubre de 2012

MIS DISFRUTES


MIS DISFRUTES

Disfruto en el jardín ver tejer la telaraña.
Ese mágico ir y venir habilidoso
que tiende mortal trampa.
Danza entre el follaje
y  es péndulo de brillante trapecista.

En la mañana
cada hilo es un sartal de perlas
apresadas del rocío.
Refulgen copiando cada una un universo.
Y en medio del formidable tapiz
exangüe, amortajada en hilos plateados,
mece la brisa una hermosa mariposa.

Es mi deleite desde la altura
estando por encima de las copas verdes
mirar cómo el sol siluetea sobre el pasto
cada rama, cada hoja que al unísono
danza en lo alto y también abajo con abrojos.
Y en fugaz vuelo ver destellar el sol sobre un plumaje
y su sombra cruzar igual de rauda
entre las ramas pintadas en el suelo.

Gozan mis ojos viejos con las cambiantes formas
que dan las piedras, al agua que entre ellas rueda.
Es un cristal multiforme que recoge los colores del paisaje.
Los esconde, los refleja, abrillanta y sumerge
para que floten luego
como pompas que estallan henchidas de luz en arco iris.

Y mi mirar se ensueña y mi piel se eriza de placer
cuando recorro con mis palmas,
con mi espalda y con mi cuello,
cada relieve le la nudosa corteza que recubre
añejos troncos que exudan: gomosas mieles ámbar,
latex con aromas a sándalo y a incienso.
Perfumes de canela y brillantes lacas que beben las abejas.
En su piel cicatrizada a la intemperie
cunde la vida oculta en la nocturna fosforescencia de los musgos.

Es solaz a mi vista, la infinita y novedosa
tonalidad cambiante de las rocas.
El agua y el sol pugnan a diario por colorearlas.
La luna las azula y las platea.
Y el viento las esculpe ayudado con fuerza
por raíces que hunden árboles centenarios
ansiosos de beber y de afirmarse.

Me colma de sensualidad sentir en mis marchitas carnes
la suave caricia de la briza.
Es generosa, y amante complaciente,
No demanda de mí grandes arrestos
y me arrulla al tibio sol que ya declina.

Y cuando el aguacero llega,
precedido de rayos y centellas
el cristal empañado en mi ventana
por el que rueda el agua a chorros
me va cambiando el paisaje
en expresionistas pinturas de jardines parisinos.
Y allí es el éxtasis y duermo.

León M.N. Oct. 2012

domingo, 14 de octubre de 2012

ATARDECE



ATARDECE.

El viento frío bajó por los caminos desde la nevada.
el ganado aterido se agrupa y las ovejas en ovillo
como vellón dispuesto para la carrumba.

En silencio, los indios suspenden la labranza.
Y lento, como solemne procesión a capilla doctrinera
emprenden el regreso a la  kankurua.

Sarachuí  el cerro que gobierna el valle
se puso manta de neblina blanca.
Y la garúa serenita roció los pajonales en las faldas
y como nieve se quedó en las cabelleras azabaches.

Alimako, el que primero va marcando huella,
lleva un grueso leño al hombro
Y colgando de una diadema de cabuya
su afilado machete se humedece en su espalda.

Tejiendo pensamientos
en espirales de hilos, con aguja de hueso le sigue Semeja.
Lleva a su espalda el que antes ocupó su vientre
y ahora pende de una diadema de algodón tejido
 y no se humedece entre la tibia manta.

El perro negro recoge con su pelo largo:
cadillos del rastrojo y pequeñas gotas de garúa
que a veces sacude con un torbellino
que recorre su cuerpo desde la cabeza.

La neblina bajita y la garúa juegan
entre cafetos, matas de malanga y plátano.
Y en su jugueteo dejan ver la choza de paja
y a veces la ocultan y el perro se adelanta.

Queda en el estrecho alero
y de punta sostenido a la pared el leño de Alimako.
Semeja, empuja la puerta, entra,
deja al niño en su pusa sobre el seno.

Junta unos leños y sopla el hogar
y el dios del fuego ilumina la pequeña estancia
El humo asciende y se entibian los cuerpos
y el perro se acurruca y duerme                                                                            

Fotografía de Mauricio Sanchez
León M.N. Oct.2012.

miércoles, 10 de octubre de 2012

A las lenguas Amerindias



LA CANCIÓN DEL CONQUISTADO
Ladino ingenuo; escucho el rasgar de tu guitarra. Con ella desterraste la palabra, lo que desde ya fue una afrenta que punza nuestros corazones e inauguró la tragedia que se nos hincó en los poros cobrizos como hoja de jade opaco.
Se fueron esfumando: el rítmico silbo de los pitos y el tom tom de los tambores. Unos roncos, otros menos graves y otros como de cristal. Los bosques por los que huyeron los Curacas escondieron las bellas melodías que surgen del carrizo, de los huesos de canillas de venados perforadas, celebrados en danzas alrededor de la fogata. Ahogaron los cantos de las bellas doncellas de torsos desnudos dibujados con majagua, que como queja premonitoria saludaban cada luna llena.
A la hora puntual, la hora de la verdad, sin conmiseración, como en riña de cantina, cantaste esa plegaria invasora y desarticulada. Gritaste: Dáñame, niégame pero no me compadezcas que no es un albur este tormento mío al sentirme mutilado de mi palabra; la que sembró con coa la Serpiente Emplumada y con la que cantó nuestra historia el viejo Netzahualcóyotl.
Lloran mis ojos que son socavones de osamenta, en esta Noche Triste que como licuación negra se funde con la laguna de donde surgiera victoriosa el águila que hoy luce inerme, dibujada sobre los escudos de guerreros muertos por la Malinche traicionera.
Venciste mis lanzas floridas con la espada que esgrimiste con una cruz desde su empuñadura. Ya no cantan los Mixtecas, Totonacas, Tlaxcaltecas. Quedaron mudos los códices sobre al amate dibujados con primor por poetas pintores que reinaron y ordenaron nuestras vidas y marcaron nuestro norte en medio de las cuatro direcciones telúricas.
Bernardino de Sahagún, tú que referenciaste algunas guirnaldas de flores bellas ensartadas del náhuatl, tú comprenderías mi orfandad. Juan de Zumárraga, tú intentaste con la máquina de Gutenberg, sobre el amate y en mi florido Náhuatl, darnos noticias del Dios que asesinaron tus hermanos. Tú entenderías que hay lenguas más propicias al amor y al arte y otras más dispuestas para contar la conquista de jaurías arrasadoras.
Sangra mi garganta ante la imposibilidad de llorar aquello de lo que por quinientos años hemos venido siendo despojados: mi lengua, nuestras lenguas amerindias, nuestras distintas formas de decir: Te quiero. Nuestras diversas maneras de tejer poemas, de decir: madre, leche, selva, tierra, canto, siembra, hogar, ánfora y tumba.
Permanezcan sobre los páramos y sobre los volcanes, sobre el espejo de los ríos y sobre las lagunas - encriptación de oraciones de oro y esmeraldas -, en las cascada y bajo de las cachiveras, por entre la manigua y en el viento que recorre los desiertos de ésta América; las palabras Arawak, las voces Quechua, los cantos Guaraní, el Muisca, el Aimara, el Puinabe, el Igka, el Kogi y el Wiwa; si ellos desaparecieran, desaparecería nuestra remota posibilidad de declarar quiénes somos y tal vez hacia dónde debemos dirigirnos. ¡Ah, qué triste es esta canción del conquistado!
León M.N.2011


lunes, 1 de octubre de 2012

Por qué Callas



POR QUÉ CALLAS

No necesito de reloj para saber
que ya han pasado la cinco de la tarde
y aun no se hace noche.
Cómo retener esta luz que rápida se esfuma.
Es de un dorado viejo como trigal maduro.
Y cerúleo el domo
donde navegan barcazas de recuerdos.
Un viento seco recorre los caminos.
Las aves blancas se apresuran
Y son motas doradas sobre sus perchas
y en el espejo que las repite sumergidas.
Invento una tonada que las abejas zumban.
Delineo tu silueta en la nube que danza.
Muere el sol ahogado en la laguna.
Y muero yo porque callas.

León M.N. Oct.2012.