martes, 20 de noviembre de 2012

CANTO O LAMENTO


CANTO O LAMENTO

Un Muisca de granito sobre la cumbre
Donde habita el cóndor
Es esta mole que domina el valle.

El rojo sol se funde al Orinoco
Y lanzas de macana, flechas de flor de caña brava
 Y dardos de guadua envenenados
Hienden el aire con silbidos rojo sangre.

Una plegaria, un llamado a la Kankurua
El soplo del caracol traído por el viento
Que impulsó la marea y bañó las playas
Y el terso cobre de desnudos cuerpos
Pintados con majagua en el Caribe.

En las fogatas danza la candela
Y entre los dedos de las abuelas indias
Danza el uso creando hilos teñidos
De jugos de raíces y cocidos de hojas de la selva
 Mezclados con sal de mar y luz de luna.

Y en las vertientes por las que hilos
De cristal líquido convergen a los ríos
Y en las amplias y cambiantes vegas
Donde se sedimentan
Pare el maíz sembrado por la coa
Y paren las madres los hijos de esta tierra.

Ignoran el ultraje que llegará
Con los vientos del este.
Ignoran el estallido con olor a muerte.
Ignoran que sus discos de oro
Donde grabaron su sapiencia
Serán robados junto con las esmeraldas
Ojos de la Boa Madre.

Ignoran que serán fundidos
Borrada su exquisita filigrana
Y su gentil tañido de sonaja
Se convertirán en extraño artesonado
Para catedrales
Y en custodias para extraños dioses
Asesinados  y resucitados luego.
  
Y en pretextos de guerra y en botín
Y en justificación a la preeminencia.
En acicate para la codicia
El fin y galardón único al esfuerzo.
En motivo de placer
En testimonio del amor
Mas nunca lo podrán tornar
En pan o en vino.

Vaya este canto por las cañadas de los Andes
Vaya por los valles, por los páramos y los nevados
Por los ríos que desvirgan selvas
Y por los que dentro de ellas, en lagunas nacen.
Vaya este llanto unido al de la quena
Vaya en el vibro de tambores
Y en el de troncos ahuecados.
Vaya en el llanto del Yuruparí
Y viva en el encordado de mi tiple
Que es testimonio
De que para los otros soy un Mal Nacido.

León. M.N. Vov. 2012.  



lunes, 19 de noviembre de 2012

SUEÑO No. N.


SUEÑO No. N

Agobiado y expectante mi cargamento de ilusiones.
Hechas trizas las amarras, las cinchas anudadas
Jadeante lo dejo en la bodega de la gran barcaza
.
Ligero mi maletín de logros y liviano de reconocimiento.
Quiero dejar varados los ordenados paquetes de recuerdos.
Quisiera trashumar sólo con aquellos gratos.

A esta hora la mar opaca y borrado por la niebla el horizonte
El tiempo detenido en una luz difusa y vaga
Un cielo sin estrellas, no se encuentra el norte.

Pasan las horas como aves que migran
En busca de mejores días, o tal vez regresan.
El tiempo se acumula apilado en alijos de años
Que van a la deriva y allí se posan alcatraces negros.

Y es cierto, el futuro no existe, aun no se ha creado.
Por fin, un poco más allá del aburrimiento de la espera.
Al cruzar las erráticas curvas que erosionan la piel
Y que conducen a los colgajos de melenas agrisadas
Señalada por un índice flaco que remata una uña amarillenta.

Con gesto tembloroso e incrédulo muestra una playa.
Se abre como arco tendido sobre polvo de oro
La penetran sensuales ondas de azules, verdeazules,
Aguamarinas y risadas crestas de madreperla y nácar.

Rechazo el espejismo, cierro los ojos y me duermo.

León M.N. Nov. 1012

domingo, 18 de noviembre de 2012

SCHERZO


SCHERZO
Llueven notas de piano sobre un espejo de oro
libélulas de alas de cristal juegan a la danza
Se acercan, lo empañan con su vaho
Y si lo tocan les regala aros multicolores
Que vibran, relumbran y se alejan.

Sobre la balsa que la hojarasca forma
Un vellón de plumas azulosas
De esbeltas patas recogidas
Recogido su largo cuello
Su pico señala amenazante.

Inmóvil y expectante
Atento su mirar en el celaje reflejado
Se mueven sólo las ondas que a la balsa mecen
Su sombra en el espejo
Y un destello nacarado y sumergido.

En un instante se templa como arco
El pico como flecha rompe el cristal dorado
Y emerge acuchillado vestido en lentejuelas
Grácil cuerpo.
Vibrante danza de la muerte.


León M.N. Nov. 2012

viernes, 16 de noviembre de 2012

HOY


HOY
Hoy el amarillo que mi navaja desviste en la naranja
Y el dorado jugo que al exprimirla me regala.

Hoy constelaciones de soles y de estrellas
Gravitan  por las faldas de mi tierra
Guayacanes que desgranan oro
Sobre los parque, las calles y tejados.

Hoy el milagro del sol que nuevamente nace
Y entibia, y revela, y deslumbra y hace florecer.

Hoy la sensual corola de las flores
Se abre lenta y tentadora.
Con pistilos, estambres, pétalos y ovario expuestos
Para que lleguen las abejas de visita
Maquilladas de polen dancen el amor a ritmo de mareas
Y se cierran preñadas de pulpa de grosellas
De jugo morado los mortiños
De miel blanca de madroños y de nísperos.

Hoy echan a vuelo las migrantes golondrinas
Y las campanas lanzan al viento sus badajos
Hoy los buses escolares van cargados de alegría a los recreos.
Hoy  se abren bullosas las persianas de las tiendas de la esquina.
Hoy envolturas de bombones y palitos de helados en andenes
Cerquita, muy cerquita de las cestas de basuras.
Hoy malabares, patinetas, paredes salpicadas de colores
Hip Hop, reggaetón, chicle, puñetazos y besos con audífonos.

Hoy se renuevan las rondas infantiles
Los floreros en las mesas de las salas
La sorpresa del encuentro, los abrazos

Hoy nuevamente ascienden y planean gallinazos
Vuelan las nubes acabriolando el viento
Sobre un espaciosos patio azul muy impío.

Hoy quedó insepulto el ayer ya fallecido
Pero por mí que no caiga en el olvido.
Hoy una breve, muy breve esperanza del mañana
Y un largo, largo degustar mí hoy apresado entre las manos.

León M.N. Nov. 2012

jueves, 15 de noviembre de 2012

MIS ENTRAÑAS







EN MIS ENTRAÑAS

Rompe niebla una sirena y el ronco pitar de un barco zarpa
Ignora su vocación de naufragio y junto a las especias
Va con él en sus bodegas infestadas de ratas trashumantes.
Surca la mar y el agua que nutre algas le abre paso
Ignora que será vapor y nube y que lloverá
Sobre los surcos que el arado, ésta mañana deja.

En la gota de rocío que refleja el universo sobre un pétalo,
Navegan torrentes, la neblina, los remansos.
Se le escapa que será parte de la ola que azota el arrecife
Se tornará ciclón, vendaval, una ventisca.
Que inundará las playas, los cultivos
Y engullirá aves ahogadas y delfines arrojados al acantilado.

Y la semilla que ha cruzado el río, arrastrada como nave a la deriva
Guarda los retoños, los sarmientos, el jugo y en él, el espíritu del vino.
Varada, encalla en la arena de esta playa y muere
Y hunde  en su tumba las raíces.
Y lenta, sobre una estivas verdes deja su cargamento vivo.
Y vuelven los retoños y el libar en copas y torna la muerte y el estío.

¿Tendré en las entrañas preñez de muerte o de vida?





León M.N. Nov. 2012.

lunes, 12 de noviembre de 2012

...Y PUNTO FINAL


…Y PUNTO FINAL

He vivido tantos años… No digamos: ¨tantos¨, pues con cuál viviente he de compáralos. Quiero decir: he vivido años bien vividos y estoy listo para partir. No le tengo miedo a la muerte. Esa vieja flaca y narigona podrá llegar por mí cuando le guste.

Pensar: ¿Qué habrá del otro lado de la tapia? No me inquieta, me gustan las sorpresas, y no me fío de las promesas que he escuchado.

Algunos dicen que lo de temer es el despegue, ese pasito entre el aquí y el más allá. Yo insisto en que debe ser como dormirse: Está uno despierto y sin dolor, sin transición ya se está en medio de los sueños o mejor aun de la inconciencia.

Quiero pasar los pocos años que deben restarme de la cuenta: disfrutando, alegre, viviendo intensamente.

Ya cumplí mis deberes ciudadanos y los que acepte con mi familia. Ya no tengo tengos para con nadie, sólo para conmigo mismo, y esos los acabo de enunciar.

Buscaré en estos días, pronto, dejar terminada la casita de campo que tanto hemos soñado. Allí podrá quedar cómodamente instalada mi vieja y tendrá espacio suficiente para que lleguen los hijos con los nietos, cuando quieran.

Habré de averiguar sobre inversiones y rentas. Dónde colocar los centavitos del ahorro de tal manera que mensual y religiosamente llegue lo de los gastos rutinarios: El mercado, la EPS, los medicamentos, los servicios públicos, los impuestos sobre la renta, el capital, el predial y valorización. La ayudita para el estudio de los nietos, la cuotita para las vacaciones y el viaje a Europa que hemos programado para celebrar el aniversario 50 de casados, y algo más para imprevistos.

Debo de hablar de esto a toda la familia reunida, pues cuando llegue la hora de mi muerte, no quiero que estén tristes. Deseo que lo acepten como yo, serenamente, como una parte más, pero importante de la vida. No quisiera que nadie enviara flores, ni que hicieran esos interminables y falsos rituales de velaciones. Mi cuerpo que lo regalen a una escuela de medicina como material didáctico. Estoy seguro de que con eso cumpliré mi misión cívica de ser útil a la sociedad.

Para despedirme quiero que hagan una fiesta, con poco licor y mucha charla. Comida sobria. Que no se pasen las mujeres en la cocina preparando viandas, y los hombres en la sala bebiendo y haciendo chistes y chismes, y cuando los manden pasar a la mesa, que no sean capaces de apreciar la culinaria de mi vieja y las mujeres de casa. Nada de eso, poca comida y servida por encargo. Muy buena música. He ahí un problema: ¿Qué es buena música? ¿La que me gusta a mí, a mis hijos o a mis nietos? Bueno, eso lo arreglarán ellos, pues para ese entonces yo ya me habré ido. Total lo que deseo es que no se aflijan con mi muerte, ni se aburran en mi despedida.

Tengo que terminar mi libro de poemas y el de cuentos. He de averiguar por un buen corrector de estilo y un editor; pues después de tanta lora que he dado con esto, no puedo salirles con un chorro de babas. Claro que viéndolo bien harán falta unos poemas de los cuales ya tengo listo el tema. Y una introducción y tal vez una presentación que me haga algún personaje de las letras, pues esto le imprime brillo a la edición.

Tengo que ponerme en la tarea de redondear los cuentos y darle unidad a este libro. De buscar un buen ilustrador y un diseñador para dos bellas carátulas. Y presupuestar todo eso al igual que un evento de lanzamiento, con música de cámara para el intermedio y un coctel y unos pasabocas. Haré los arreglos con unas librerías para unas tardes de firmas de ejemplares. Como ven esto de ser escritor es cosa seria. Seria pero importante, si uno no deja obra ¿quién y cómo lo recordará?

El chiste no es morirse, eso lo han hecho todos los que ocupan y han ocupado: tumbas, criptas, mausoleos, urnas, sarcófagos, osarios y cenizarios. Morirse y quedar en la memoria de los vivos es la gracia: ¿Leíste los libros que escribió mi padre, mi abuelo, mi tatarabuelo? ¿Conoces la obra de mi antepasado, el poeta? Eso es lo que yo quiero; trascender en el tiempo y derrotar el olvido.

A la casita de campo tengo que agregarle el estudio taller, pues tengo más de 50 bocetos que debo pintar. Es una obra planeada en dos colecciones, al óleo y en acrílico de gran formato. La primera la integrarán más de veinte paisajes abstractos que retratan el espacio del alma en momentos de soledad, esperanza y alegría, indistintamente. Los colores y matices, llevarán al espectador atento a ese dialogo con mi alma en cada momento de las múltiples experiencias que a cada cuadro inspiraron.

La segunda colección será una interpretación pictórica de los sonetos que integran la obra de José Eustacio Rivera: TIERRA DE PROMISIÓN, obra que tanto me ha conmovido desde los lejanos años de mi bachillerato. Será figurativa y con los colores exactos de la selva tropical y las llanuras de la orinoquia.

No dejo de pensar que estos dos proyectos: el literario y el pictórico, conforman un adecuado testamento, una herencia que mi familia no podrá dejar de apreciar. Por eso insisto, luego de estos años bien vividos que he tenido, estoy listo para partir. He superado los apegos, me recordarán con alegría, gratitud y orgullo. ¿Qué más puedo pedir si ya no tengo tengos?

El desapego me garantiza una partida placida, sin aspavientos. Ya regalé mis libros, mis discos y mis herramientas. Tengo la ropa precisa para el estilo de vida que he decidido y nada más que estorbe en mi ropero. Heredé en vida mi radio transistor de siete bandas, en el que acostumbraba escuchar las noticias desde las cuatro de la madrugada. Ya no me importan las tragedias que anuncian, siempre las hemos tenido, sólo cambian de nombre. No me interesa saber qué ministro, senador a gerente fue puesto preso, nunca lograrán encerrar a todos los que lo merecen y ni todos los encerrados lo merecen. Si va a llover, me importa un bledo, yo no soy soluble en agua y si va a brillar el sol, pues que brille que yo cuelgo mi hamaca aquí en la sombra.

Hace rato renuncié a hacer las colas para pedir citas médicas en la EPS. El último hijo de puta especialista que me vio, me regaló los medicamentos precisamente contraindicados para las taras que acababa de declararle que tenía. Prefiero gastar mis pocas horas de reserva que aun tengo, tomando tinto y charlando con mi vieja sobre los hijos y viendo como llegan los pájaros al jardín a pelearse el pedazo de plátano maduro que cada día les ponemos.

No me inviten más a bautismos, ni a matrimonios; los vestidos más apropiados para esas oportunidades, que tengo; han envejecido de manera dispar. Los sacos, casi nuevos, no me cierran y los pantalones están raídos y con los fondillos brillantes de tantas lavadas que les hemos dado, ya han cambiado de color. No pienso encachacarme ni aun para que me metan en el féretro, pues como ya he dicho y repetido, no van conmigo los entierros, ni la cremación. Que me regalen para que los nuevos médicos aprendan cómo es que queda el cadáver de un viejo que murió tan común y corrientemente como vivió.

Quiero que mi viejita se gaste la platica que nos economizamos en gatos exequiales, en un viaje o en un gustico de esos que se disfrutan sin la presencia del marido.

Y tu, vieja flaca y narigona, no creas que estar listo, es sentarme a esperarte. Mientras llegas, yo seguiré viviendo, pues escribiendo estos renglones, me he dado cuenta que tengo aun algunos tengos por hacer.

León Montoya Naranjo.
Agosto de 2011.





sábado, 3 de noviembre de 2012

A LA MUERTE DE MI TÍO JORGE.


EL TÍO JORGE








Nadie llegó a decirle al doctor:
-          Dr. Por favor haga lo que pueda.
Simplemente lo llamaron para que estuviera allí, igual que el cura, los parientes, los amigos. El también debería estar allí y al final dictaminar que hubiese muerto.
Pero el médico como que se sintió responsable, llamó a un hijo y dijo:
-          Aquí no tenemos nada que hacerle, es mejor que lo lleven para la ciudad.
Y fue así como lo sacaron de en medio de su gente, sus paisanos, sus contemporáneos. 
De en medio de los niños que le iban a comprarle bolas de cristal y trompos. 
De los parroquianos que le pedían les redactase un memorial, una demanda o les llenara el formulario para la declaración de rentas. 
De en medio de las niñas enamoradas que iban en busca de un regalo para el novio y un perfume para recibirlo. 
De en medio de los muchachos que iban a comprar mazos de naipes, piedras de candela, navajas y condones. 
De en medio de congregación de San Vicente de Paul, sus oraciones, sus limosnas. 
De detrás del mostrador donde siempre se informó de todo lo que en el pueblo ocurría y desde donde informó al pueblo de lo que en  otros lares ocurría.

No pudo morir de muerte natural, ni de viejo como yo quería. Ni morir de repente como tal vez él temía. 
Ni de mal de arrugas. 
Lo trajeron a las I.P.Ss de las E.P.Ss y ya forma parte de las estadísticas: 
Se murió de paro cardíaco, provocado por paro respiratorio que precipitó una falla renal que padecía, agravada por la anemia y la mala nutrición ya que era vegetariano. 
Y heme aquí; de todo eso disque murió hoy mi tío Jorge, el tío que yo más quería.
Con noventaiun años a cuestas, de todo lo anterior disque murió mi tío.
Las beatas chismosas del pueblo dicen que murió de tristeza. 
Que se fue apagando desde que enterró a su mujer hace algunos años y disque esa tristeza se agravó hace unos meses cuando enterró a su hija. 
Pero que el golpe final lo recibió cuando su hijo el mayor, el que sufre desvaríos se enloqueció de verdad y huyó del pueblo sin dejar rastro.
No la puedo creer. 
Mi tío murió hoy día porque se le acabó el cuerpo donde residía. 
Noventaiun años de penas y alegrías. 
Las penas las ocultó con valentía y las alegrías siempre las compartió como debía. 
No lo iban a matar unas cuantas penas y vaya usted a saber si fueron penas: 
enterrar a su mujer y a su hija que sufrían. 
No las quería ver sufrir y la fe que con muchos compartió, le enseñó que la muerte es el fin del sufrimiento y la puerta del cielo para donde seguro se fue ésta madrugada.

Se fue mi tío y me dejó gratos recuerdos:
De niño, después de misa de ocho y después de haber desayunado, me presentaba a su almacén acompañado de una recua de hermanos y todos repetíamos:
-          Tío que sin me da plata pa´comprar cositas.
Lo repetíamos como dando una razón, como haciendo una pregunta.
Y él iba hasta el cajón donde guardaba el dinero y de él sacaba un puñado de monedas que en orden de estatura nos distribuía. 
Era tanta la sorpresa, la alegría que yo creo que siempre salí corriendo a gastar esa fortuna, sin alcanzar a decir lo que hoy te digo: tío gracias.

Y la semana antes del Día de los Niños y de La Vara de premios, él descuidaba su almacén. 
Pasaba mucho tiempo en mi casa con mi mamá, mirando figurines y buscando posibles disfraces para todos sus sobrinos y más tarde también para sus hijos. 
Recuerdo mi disfraz de payaso rosado, con sombrero cónico rematado en una borla de lana y mi nariz pintada con pintalabios rojo vivo.

Aquella vez Eli era un elegante miembro de la Guardia Suiza, de pantalón bombacho de rayas blancas y verdes y sombrero adornado con gran pluma. Tocaba un enorme tambor de guerra forrado en papel metalizado con cordones dorados. 
Dora fue una odalisca de turbante y en la frente una autentica joya sacada del cofre de mi mamá y una gran pluma de pavo real.





Y Ruth una princesa china de sombrero de papel de seda, pantalón de botas muy anchas y en el brazo llevaba una canasta con flores. 
Le maquillaron los ojos achinados.


Hugo fue un arriero de sombrero de paja, paruma, machete y un enorme bigote pintado con lápiz de cejas y si recuerdo bien, Diego el más pequeño de entonces, fue disfrazado de pinocho.

Ese día fue de felicidad para nosotros  y de orgullo para el tío que no paró de tomarnos fotos uno a uno y sobre un pedestal donde posamos.

Recuerdo la navidad con globos, con paseo organizado por el tío, con fiambre para ir a buscar el musgo del pesebre al monte de Mojones y naturalmente los recuerdos eternizados en fotos. 

Mi tío Jorge tenía máquina de retratar y sacar vistas, no cámara digital como las de ahora.


También llegan a mi memoria las matadas de marrano del veinticuatro de diciembre y las sentencias con que mi tío Jorge condenaba a muerte al cabecibajito. Y las herencias que dejaba el condenado a cada uno de los presentes según sus gustos y caprichos.

Todo era una fiesta con mi tío. Espero que esté armando una nueva fiesta con los niños que encuentre en el lugar donde se ha ido.
Él hacía los remates del altar de San Isidro. !Quién da más por éste gallo??? 
Venía contándoles que la tarde antes de morir mi tío, estaban los más allegados de sus amigos del pueblo, reunidos con él en el asilo. 
Estuvo allí sólo unos pocos días, allí no lo visité, pero cada día me enteraba de lo que acontecía:

Las señoras de su grupo de oración lo visitaban y en ese entrañable lugar que queda en un altico del pueblo, que ya de por sí es alto, rezaban sus oraciones. 
Era el lugar indicado pues desde aquella cumbre quedan más cerquita del cielo y qué mejores emisarios que los viejitos del pueblo. 
Es como entregar el recado en la misma estación de donde parte el tren con los que van derecho para el cielo.

Me cuentan que uno de los que fueron mis amigos, cuando yo andaba de vago por el pueblo: llegaba al ancianato luego de que a mi tío lo hubieran bañado y le hubieran dado el desayuno, lo sentaba en su silla de ruedas y se lo llevaba a pasear a su viejo almacén, a misa, rodando como en carro de rodillos por las viejas calles de mi pueblo. 
Se detenían a cada paso para que él recibiera los saludos, los abrazos y las sonrisas de los transeúntes, todos conocidos, todos amigables, todos cariñosos, reconocidos por antiguos favores, charlas y consejos.

Supe además que una rubia señora se ojos muy azules, que cuando niña se parecía a un angelito y ahora ya mayor, lo era: llegaba todos los días, calentaba agua, le mezclaba sales curativas y en una ponchera lavaba los hinchados pies de mi tío. 
Gracias a Dios por esta Magdalena del Siglo XXI, muchas gracias.

El asilo fue por unos pocos días el hogar de mi tío. 
Abierto de par en par, todos podían visitarlo y lo hacían. Unos le llevaban saludes de otros, otros le llevaban noticia, otros le llevaban yogurt, otros le llevaban frutas y los más pobres y los más tímidos no le llevaban nada, simplemente iban.

Las señoras que siempre son más confianzudas y por insinuación de Virgelina, que es como la virgen que cuida a todos los viejitos del asilo, le daban a mi tío la comida. 
A cucharadas le insistían que se tomara la sopita, la frutica picada o la coladita de maicena que es tan nutritiva. 
Y a regañadientes él por quitarse de encima la molestia se las recibía.

Mi tío disque se fue malhumorando y apagando. 
Yo sé que no se enojó con los paisanos que tan bien lo atendían, el estaba bravo con Dios, que como lo vio tan bien atendido en el asilo, se olvidó un poco del él y no llegaba pronto a recogerlo para llevarlo al cielo. 
Mi Dios andaba muy ocupado y hay que entenderlo. 
Andaba por Oslo regando inspiración para que los emisarios de Santos no vayan a comer cuento como los de Pastrana. Andaba por las costas del Caribe y Norteamérica ayudando a construir albergues contra una nueva tormenta tropical y un frente frío del Ártico. 
Hartico que estaba ocupado y por eso es que no había venido.

Pero al fin llegó, pero cuando llegó ya mi tío no estaba en el asilo donde él con la ayuda de unas señoras del pueblo lideradas por una que se llama Teresita lo habían dejado. Ya lo habían echado para Medellín en ambulancia. 
Le tocó a mi Dios el paseíto que les toca a muchos pobres. Recorrerse todas las E.P.Ss y todas la I.PSs, las clínicas y los hospitales, pero al fin lo encontró. 
Y lo encontró solito y así más fácil se lo llevó. 
Cuando las enfermeras llegaron a abrir de un golpe las cortinas como sólo ellas saben hacerlo, se dieron cuenta que ya no estaba allí, se había ido con mi Dios p´al cielo.

León M.N. Oct. 29 de 2012.